Enfermedad de Newcastle: claves para reforzar la bioseguridad en tu granja

Los focos de enfermedad de Newcastle detectados recientemente en España, concretamente en Castilla y León, han vuelto a poner de manifiesto las graves consecuencias que puede tener la entrada de un agente infeccioso en una explotación avícola.

La situación ha afectado a diferentes granjas y ha obligado a aplicar medidas sanitarias como el sacrificio preventivo de las aves, el establecimiento de zonas de restricción, el control de movimientos y el refuerzo de la vacunación.

  • Más allá de este episodio concreto, la aparición de nuevos focos recuerda que la bioseguridad debe formar parte de la gestión diaria de cualquier granja.

No debe activarse únicamente cuando existe una alerta sanitaria cercana, sino mantenerse de forma constante para reducir el riesgo de entrada y propagación de enfermedades.

¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD DE NEWCASTLE?

La enfermedad de Newcastle es una infección vírica altamente contagiosa que puede afectar tanto a aves domésticas como silvestres.

Está causada por cepas virulentas del paramixovirus aviar tipo 1, también conocido como virus de Newcastle.

  • Dependiendo de la cepa, la edad de las aves, su estado inmunitario y las condiciones de la explotación, la enfermedad puede provocar cuadros de distinta gravedad.

Las cepas más virulentas pueden generar alteraciones respiratorias, digestivas y nerviosas, además de una elevada mortalidad y pérdidas importantes en la producción.

Por sus consecuencias sanitarias y económicas, Newcastle es una enfermedad de declaración obligatoria en muchos países.

Cuando se confirma un foco, las autoridades deben aplicar medidas inmediatas para limitar la circulación del virus y evitar que alcance otras explotaciones.

¿CÓMO PUEDE ENTRAR EL VIRUS EN UNA GRANJA?

El virus puede introducirse mediante aves infectadas, pero también a través de numerosos elementos relacionados con la actividad cotidiana de la explotación.

Entre las principales vías de entrada se encuentran:

  • Personas que han visitado previamente otras granjas.
  • Vehículos de transporte de aves, pienso, huevos o subproductos.
  • Calzado y ropa contaminados.
  • Equipos, herramientas, bandejas o jaulas compartidas.
  • Agua o alimento contaminado.
  • Contacto directo o indirecto con aves silvestres.
  • Cama, estiércol, cadáveres y otros materiales orgánicos.
  • Roedores, insectos y otros animales que se desplazan por las instalaciones.

La materia orgánica constituye un factor especialmente importante. Las heces, el polvo, las plumas y los restos de cama pueden proteger al virus y dificultar la acción de los productos desinfectantes.

Por este motivo, una limpieza superficial o la aplicación directa de desinfectante sin retirar previamente la suciedad no garantizan una desinfección eficaz.

CLAVES PARA REFORZAR LA BIOSEGURIDAD DE LA GRANJA

1. Limitar y controlar el acceso de personas

Toda persona que entra en una explotación puede actuar como vehículo de transmisión de agentes infecciosos.

Las visitas deben limitarse a aquellas que sean estrictamente necesarias y todos los accesos deben quedar registrados. Este control permite conocer quién ha entrado en la granja, cuándo lo ha hecho y si previamente ha estado en contacto con otras explotaciones avícolas.

El protocolo de entrada debería incluir:

  • Cambio completo de ropa y calzado.
  • Uso de prendas exclusivas de la explotación.
  • Lavado y desinfección de manos.
  • Separación clara entre la zona sucia y la zona limpia.
  • Limpieza y desinfección de cualquier material introducido.
  • Restricciones para personas que hayan visitado recientemente otras granjas.

Los pediluvios pueden ayudar a reducir el riesgo, pero únicamente cuando se utilizan correctamente. El producto debe mantenerse a la concentración recomendada y renovarse cuando exista suciedad o materia orgánica.

Un pediluvio contaminado o mal mantenido puede convertirse en un punto de dispersión en lugar de actuar como una barrera sanitaria.

2. Controlar la entrada y circulación de vehículos

Los vehículos pueden transportar agentes infecciosos en las ruedas, los bajos, la cabina o la superficie de carga.

Siempre que sea posible, los camiones y vehículos externos deberían permanecer fuera del perímetro limpio de la granja. Las operaciones de carga, descarga y entrega deben organizarse de manera que se reduzca el contacto entre el exterior y las instalaciones productivas. Es recomendable:

  • Establecer zonas específicas de carga y descarga.
  • Definir rutas de circulación dentro de la explotación.
  • Limpiar y desinfectar ruedas y bajos.
  • Registrar la entrada de todos los vehículos.
  • Evitar el acceso de vehículos que hayan visitado otras granjas sin una limpieza previa.
  • Separar las rutas utilizadas para la entrada de animales, pienso y materiales de las destinadas a la retirada de cadáveres y residuos.

La organización de los flujos es fundamental para evitar cruces entre circuitos limpios y potencialmente contaminados.

3. Establecer una separación clara entre zonas limpias y sucias

La bioseguridad comienza con una correcta delimitación de las áreas de la explotación.

La zona sucia comprende los espacios que mantienen contacto con el exterior, como aparcamientos, accesos, muelles de carga o zonas de recepción. La zona limpia incluye las naves, los almacenes interiores y las áreas directamente relacionadas con los animales.

Entre ambas debe existir una barrera sanitaria claramente identificada.

Esta separación puede reforzarse mediante:

  • Bancos o líneas de cambio de calzado.
  • Vestuarios de entrada y salida.
  • Duchas cuando el nivel de riesgo lo requiera.
  • Señalización de los recorridos.
  • Puertas de acceso controlado.
  • Espacios específicos para la recepción y desinfección de materiales.

Las barreras deben ser fáciles de entender y utilizar. Un protocolo complejo o poco práctico aumenta el riesgo de que el personal lo aplique de forma incorrecta.

4. Evitar el contacto con aves silvestres

Las aves silvestres pueden participar en la circulación de diferentes enfermedades aviares y contaminar el entorno de la explotación.

Para reducir este riesgo es necesario impedir que entren en contacto con las aves de producción, el agua, el pienso o los equipos.

Deben revisarse periódicamente:

  • Mallas y cerramientos.
  • Entradas y salidas de aire.
  • Puertas y ventanas.
  • Cubiertas y aperturas de las naves.
  • Depósitos y conducciones de agua.
  • Silos y almacenes de alimento.
  • Zonas con agua estancada.
  • Puntos en los que puedan posarse o anidar aves.

Los derrames de pienso deben retirarse rápidamente, ya que atraen tanto a aves silvestres como a roedores.

También debe evitarse la acumulación de agua en el exterior de las instalaciones y mantener el entorno limpio de vegetación excesiva, materiales abandonados o residuos que puedan proporcionar alimento y refugio a los animales.

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5. Aplicar un programa eficaz de control de plagas

Los roedores, insectos y otros animales pueden transportar agentes infecciosos entre diferentes puntos de la explotación.

Un programa de control de plagas debe incluir medidas preventivas, sistemas de vigilancia y actuaciones correctivas.

Es importante:

  • Sellar grietas y puntos de entrada.
  • Mantener puertas y cerramientos en buen estado.
  • Eliminar restos de alimento.
  • Evitar la acumulación de materiales.
  • Colocar cebos y trampas en puntos estratégicos.
  • Revisar periódicamente el nivel de actividad.
  • Registrar las actuaciones realizadas.
  • Trabajar con empresas especializadas cuando sea necesario.

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No basta con colocar cebos de manera puntual. El control debe ser continuo y adaptarse a la actividad detectada en cada zona.

6. Evitar la transmisión entre naves

Una explotación con varias naves no debe gestionarse como una única unidad desde el punto de vista sanitario.

Si un agente infeccioso entra en una nave, las medidas internas deben impedir que se propague rápidamente al resto de la granja.

Para reducir este riesgo se recomienda:

  • Utilizar calzado específico para cada nave.
  • Disponer de ropa o elementos de protección diferenciados.
  • Lavarse y desinfectarse las manos antes de cada entrada.
  • Evitar compartir herramientas y equipos.
  • Limpiar y desinfectar cualquier material que deba trasladarse.
  • Organizar el trabajo desde los lotes de menor riesgo hacia los de mayor riesgo.
  • Gestionar los cadáveres de manera independiente.
  • Registrar los movimientos internos de personas y materiales.

Las carretillas, cajas, utensilios, equipos portátiles y herramientas de mantenimiento pueden actuar como vehículos mecánicos del virus.

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Siempre que sea posible, cada nave debería disponer de sus propios materiales de trabajo.

7. Realizar correctamente la limpieza y desinfección

La desinfección solo resulta eficaz cuando las superficies han sido limpiadas previamente.

La presencia de polvo, grasa, heces, plumas, pienso o restos de cama reduce la capacidad del desinfectante para entrar en contacto con los microorganismos.

Un protocolo completo debería contemplar:

  1. Retirada de las aves.
  2. Desmontaje o apertura de los elementos que deban limpiarse.
  3. Eliminación de cama, estiércol, polvo y restos orgánicos.
  4. Limpieza en seco.
  5. Lavado con agua y detergente.
  6. Aclarado cuando sea necesario.
  7. Secado de las superficies.
  8. Aplicación del desinfectante autorizado.
  9. Respeto de la concentración y el tiempo de contacto.
  10. Secado final y vacío sanitario.
  11. Comprobación de la eficacia del proceso.

La limpieza debe abarcar tanto las superficies visibles como las zonas de difícil acceso.

Los equipos de alimentación, las líneas de bebida, los sistemas de recogida de huevos, las cintas, los ventiladores y las estructuras situadas debajo de los equipos también deben formar parte del protocolo.

8. Facilitar la limpieza mediante un buen diseño de los equipos

El diseño de las instalaciones influye directamente en la eficacia de los programas de bioseguridad.

Los equipos deben permitir una inspección sencilla y facilitar el acceso a todas las zonas en las que pueda acumularse suciedad.

  • Un sistema difícil de desmontar, con espacios inaccesibles o numerosos puntos de acumulación de materia orgánica, puede complicar el trabajo del personal y reducir la eficacia del proceso de limpieza.

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En cambio, los equipos diseñados para facilitar el mantenimiento permiten:

  • Reducir la acumulación de residuos.
  • Acceder con mayor facilidad a las superficies.
  • Detectar fugas o averías.
  • Aplicar los productos de limpieza de forma homogénea.
  • Reducir el tiempo necesario entre lotes.
  • Mejorar la verificación del proceso.

La facilidad de limpieza debe considerarse desde la fase de diseño de la explotación y no únicamente cuando aparece un problema sanitario.

9. Proteger el agua de bebida

El agua es un elemento esencial para la producción, pero también puede convertirse en una vía de transmisión cuando no se controla adecuadamente.

Los depósitos, tuberías y bebederos pueden acumular biofilm, sedimentos y materia orgánica. Estos residuos reducen la calidad del agua y dificultan la acción de los productos utilizados para su higienización.

El programa de control debe incluir:

  • Análisis periódicos de la calidad microbiológica y fisicoquímica.
  • Limpieza de depósitos.
  • Higienización de las líneas de bebida.
  • Control de la concentración de los tratamientos.
  • Revisión de los extremos de las líneas.
  • Eliminación de puntos muertos.
  • Comprobación de fugas.
  • Protección de depósitos y conducciones frente a animales y suciedad.

Las fugas deben repararse rápidamente. Además de desperdiciar agua, incrementan la humedad de la cama y generan condiciones favorables para la acumulación de materia orgánica.

10. Proteger el pienso y los sistemas de alimentación

Los silos y almacenes deben permanecer correctamente cerrados y protegidos frente a la entrada de aves, roedores, insectos y agua.

También es importante revisar los sistemas de distribución para detectar:

  • Roturas.
  • Fugas.
  • Acumulaciones de alimento.
  • Presencia de humedad.
  • Restos antiguos de pienso.
  • Actividad de plagas.
  • Puntos difíciles de limpiar.

El alimento derramado debajo de los comederos o alrededor de los silos debe retirarse cuanto antes.

Una correcta regulación de los equipos de alimentación también ayuda a evitar desperdicios y reducir la materia orgánica disponible en el entorno.

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11. Gestionar correctamente los cadáveres

Los cadáveres representan un riesgo sanitario elevado y deben retirarse de las naves lo antes posible.

El sistema de retirada debe evitar que el personal atraviese zonas limpias con recipientes o materiales potencialmente contaminados.

Es recomendable:

  • Utilizar recipientes cerrados y fáciles de desinfectar.
  • Establecer una ruta específica de retirada.
  • Situar el punto de almacenamiento alejado de las naves.
  • Evitar la entrada de vehículos externos en el perímetro limpio.
  • Limpiar y desinfectar los recipientes después de cada uso.
  • Registrar la mortalidad diaria.
  • Investigar cualquier incremento anormal.

El punto de recogida debe estar diseñado para que el vehículo autorizado pueda acceder desde el exterior sin entrar en contacto con las zonas productivas.

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UNA ESTRATEGIA INTEGRAL PARA PROTEGER LA EXPLOTACIÓN

La bioseguridad no depende de una única medida. Su eficacia se basa en la combinación de diferentes barreras que actúan de forma complementaria.

El control de personas y vehículos, la separación entre zonas, la limpieza de los equipos, la protección del agua y el pienso, el control de plagas, la vacunación y la vigilancia diaria forman parte de una misma estrategia.

El diseño de las instalaciones también desempeña un papel fundamental. Una granja bien organizada, con flujos definidos y equipos accesibles, facilita la aplicación de los protocolos y reduce los puntos críticos.

Ninguna medida puede eliminar completamente el riesgo, pero una bioseguridad bien planificada y aplicada de forma constante puede reducir significativamente las posibilidades de entrada de agentes infecciosos, limitar su propagación y mejorar la capacidad de respuesta de la explotación.

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